viernes, 1 de febrero de 2008

UN MAL DÍA*

Después de preparar el desayuno a los chicos, ordenar la casa y escuchar las noticias, la vecina de al lado sale a hacer las compras. En el mercado se horroriza al ver que los precios aumentaron considerablemente. Luego de tomar lo necesario y quejarse entre dientes, se dirige a la caja donde atiende un hombre de rasgos orientales. La vecina paga y dice:
-¡Qué barbaridad! ¡No puede ser que las cosas aumenten así!
-Me extraña que diga eso -responde el comerciante-. En el sistema en que vivimos, teniendo en cuenta las variables macroeconómicas y de acuerdo con la teoría de John Maynard Keynes, esto es algo absolutamente lógico.
La vecina de al lado, entre confundida y molesta, se va sin saludar y le comenta a un anciano que sale junto a ella:
-Estos coreanos siempre tienen una excusa para aumentar.
-Chinos en todo caso, a juzgar por los caracteres de la marquesina -corrige el anciano-. Si se fija bien, verá que los caracteres chinos y coreanos son francamente diferentes entre sí; pero supongo que su xenofobia no hará distingos entre los unos y los otros. Que tenga un buen día.
El hombre sigue su camino y la vecina, oscilando entre la extrañeza y la ofuscación, casi olvida que antes de volver debe ir al kiosco de revistas. Vuelve sobre sus pasos y cruza la avenida.
-Buenos días -saluda al llegar al kiosco, mientras mira por sobre su hombro a un sujeto que pasa a su lado. Luego, bajando el tono de voz, dice al vendedor:
-¡Hay que andar con cuidado, don Pérez! ¡Anda cada negro por este barrio! No vaya a ser cosa que le roben.
-Pero ¿qué insinúa, señora? -dice Pérez, indignado-. Adjudicar una conducta delictiva a una persona por su color de piel equivale a sostener una versión racista de la teoría de Lombroso, que hace años se comprobó que es falsa. Dicho sea de paso, usted tiene la tez trigueña.
-No, bueno -dice ella sonrojándose-. Yo decía negro de alma.
El vendedor le entrega la revista que ella aún no ha pedido, mientras acota:
-Es bastante osado eso de atribuirle un color a algo abstracto como el alma, a algo que ni siquiera sabemos si existe, aunque Platón ya se refiriera a ella hace unos dos mil quinientos años en su célebre diálogo “Fedón”. Supongo que lo suyo se tratará de una metáfora.
-Sí, claro -responde secamente la vecina a la vez que paga el importe exacto.
Se va muy rápidamente y se dirige a su edificio. Al entrar, encuentra en el hall a sus vecinas del noveno y del segundo piso. Luego de los saludos de rigor y de una breve espera, suben las tres al ascensor.
La primera parada es en el segundo piso. Baja la mujer que allí vive y las otras dos siguen subiendo.
-¡Esta mujer está cada día más gorda! -comenta la vecina de al lado, sonriente y buscando complicidad.
-“Lo esencial es invisible a los ojos” -retruca solemnemente la del noveno y agrega: -Ya lo decía Antoine de Saint-Exupéry.
-¿Antuán de qué?
-De Saint-Exupéry ¿No leíste, por casualidad, “El principito”?
-No -riéndose-. Lo último que leí fue “Platero y yo”. Y porque me obligaron a leerlo en la escuela.
-Además -sigue la del noveno, ignorando la acotación-, no te lo tomes a mal, pero vos no sos exactamente una top-model como para andar criticando a las demás. “¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no adviertes la viga que hay en el tuyo?”
En ese momento llegan al piso en el que vive la vecina de al lado, quien está visiblemente enojada. Baja y, cuando está por cerrar la puerta, pregunta con ira:
-¿Y eso quién lo dijo?
-San Mateo lo atribuye a un tal Jesús, que habría vivido durante las tres primeras décadas de nuestra era. Algunos creen que es el Mesías.
La vecina de al lado cierra la puerta con violencia y camina velozmente hacia su departamento mientras piensa que, evidentemente, todos sus vecinos tienen un mal día.
Una vez dentro y más relajada, se alegra al darse cuenta de que es temprano y que entonces tendrá tiempo para dedicarse a leer la revista “Caretas” hasta la hora del almuerzo. Además, por la tarde no tendrá necesidad de salir, así que podrá quedarse a ver sus dos programas favoritos: “Espías de la farándula” y “Amor desesperado”; al menos hasta que vuelvan los chicos del colegio y haya que prepararles la merienda.



Luis Colucci

* Seleccionado para la convocatoria de cuentos ROI, 2016. Publicado en el libro Relatos Inconexos, compilado por Andrea Denisa Gardey. Editorial Dunken, 2017

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué loco....!! acabo de presenciar escenas similares x la zona de Flores, y luego leo esto y me retuerzo de risa por la coincidencia! Haría falta un Principito en cada esquina...
Bien..,bien...,logra meterme en situación. Quiero más!

Luis Colucci dijo...

Bueno, gracias, me alegra que algo haya sucedido. La idea es tomarlo con humor, sino... Paciencia, ya viene algo. Saludos.

Carolina dijo...

Me juego que la vecina también mira el noticiero del canal 9 ! Tremenda la nota de hoy sobre los habitantes privilegiados de la villa 31 que no pagan impuestos pero que tienen tv satelital!!!
saludos

Luis Colucci dijo...

Sindudamente que lo hace despues de dar la merienda a los chicos. Luego de preparar la cena debe ver a Chiche, gran inventor de noticias y de pobres millonarios, si es que aun esta en la tele.
Saludos.