miércoles, 3 de septiembre de 2008

Sobre Libertad y Determinismo

Al igual que ocurre con algunos de los más celebres problemas matemáticos, el de la incompatibilidad entre libertad y determinismo tiene un aspecto bastante inocente. Fermat o Hilbert podrían agregar que en ello justamente reside su mayor encanto. Si efectivamente cada hecho es la consecuencia necesaria de hechos anteriores, todos los sucesos futuros están ya determinados. Siendo así, nuestra libertad no sería más que apariencia. Aunque ponderamos alternativas y evaluamos planes de acción, nada de eso es relevante; aunque creemos elegir, esa elección no es real o, lo que es peor, no es nuestra.
Dónde se encuentra el principio (Dios mueve al jugador, y éste, la pieza...) y cómo se vincula la libertad con la responsabilidad son cuestiones laterales de las que no me ocuparé hoy. La literatura sobre estos temas es abundante.
Ahora bien, querido lector ¿qué pretendo con todo esto? En cualquier caso y después de todo, los resultados de estas meditaciones poco y nada pueden afectar nuestra visión sobre la moral en general o sobre lo correcto y lo incorrecto. Como observa Pascal, instinto y razón son marcas de naturalezas distintas y poco puede afectar el tono amanerado y melindroso de la última a la vehemencia prepotente del primero. No cabe pues esperar otra cosa que una muestra de juego filosófico incapaz de producir convicción alguna.
La incompatibilidad entre determinismo y libertad que, como se ha dicho ya, parece bastante obvia, ha sido objetada desde diversas perspectivas. En primer lugar, como señala Voltaire, parece surgir de un malentendido: decimos que es libre aquel que puede realizar las acciones que desea, quien no encuentra impedimentos externos, para ello no es necesario poder elegir también lo que se ha de desear. Es decir, libre es quien puede hacer lo que quiere, aun si no ha elegido qué querer. En segundo lugar, para que la libertad tenga algún sentido parece ser necesario cierto determinismo: si no existiera algún vínculo causal entre elegir hacer algo, la acción y su resultado, la libertad no tendría sentido. Si cualquier cosa que uno hiciese fuera tanto la probable causa de que algo ocurriera como de que no, no tendría mucho sentido decir que uno es libre de elegir nada en particular.
Estas dos cuestiones nos llevan a Kant y a la idea de que la libertad humana estaría vinculada a la posibilidad de iniciar cadenas causales. La acción humana sería una acción libre, no determinada por causas previas, seguida de consecuencias determinadas. A la forma inconsistente y, por sobre todo, aburrida en que esta idea fue defendida dedicaremos nuestro silencio. Un pensamiento de Hegel, en cambio, merece mayor atención.
En los Principios de Filosofía del Derecho, Hegel comprende perfectamente el eje de la incompatibilidad, el corazón en el pulso de la cuestión. En la medida en que nuestros deseos son deseos de algo externo, de algo que no tenemos ya, su satisfacción es contingente. Depende pues del mundo externo. Admitiendo que esto es así, no somos libres. Es el mundo externo el que determina el éxito o fracaso de nuestras acciones y, en tanto son externas, nuestras acciones mismas.
La conclusión que cualquier mortal esperaría obtener del mencionado razonamiento es que, definitivamente, no somos libres. En tanto hay un mundo externo, y no sólo ya en tanto que es determinista, no hay Libertad real. Somos como el río, libre sólo de recorrer en sus márgenes (sí , también somos como el río en otros sentidos). La solución de Hegel es la contraria (Salud oh modus tollens): para afirmar la libertad niega el mundo externo. Mejor dicho, el carácter externo del mundo. La verdadera libertad se alcanza y realiza al comprender que lo que realmente deseamos es eso que hemos puesto allí como deseado y que por ello, como consecuencia de ello, es siempre alcanzabe.
La solución hegeliana me parece inapelable. Quisera, no obstante, sí, me atreveré a ser tan ingrato, proponer otra solución. La misma me parece requerir una renuncia mucho menor a esta idea tan linda y tan argentina de que hay un mundo ahí afuera, lleno de pampa y vaquitas. Esta idea tiene que ver con incluir al azar y considerar un poco más minuciosamente la naturaleza de las leyes naturales.
En la próxima entrega, mi solución al enigma.

5 comentarios:

julieta dijo...

quiero la solución ahora! jaja...

buen post. sólo una observación formal: está plagado de errores de tipeo (disculpas si esta observación es medio antipática).

saludos.

Martín Narvaja dijo...

Por la solución tendrá que esperar a que mi delicada salud me permita volver al escritorio con alguna continuidad.
Ya ve que en otros casos, y tal fue el presente, termino escribiendo con las palmas de mis manos. He procurado corregir, como es usual, mis errores pasados.

Fe de erratas:
Doy fe y le agradezco la observación.

Lautaro dijo...

aguante Dios

Martín Narvaja dijo...

Por supuesto. Aguante.

Valeria Kaplan dijo...

Me interesó más el post que los errores de tipeo (O=. Supongo que por eso no los ví.Sin embargo, antes los había notado...
¿Se estan convirtiendo en tu marca tal vez? Qué pasa con tu salud?

Salud!