A la fe, esto no nace de falta de habilidad, sino de sobra de pereza y penuria de discurso.
viernes, 22 de abril de 2011
Martín Narvaja responde
lunes, 4 de abril de 2011
Banalidades
Y me caigo y me levanto.
miércoles, 16 de febrero de 2011
Los placeres
“Voy a comprar arroz yamaní para el ayuno”, dijo Martita, o a lo mejor escuché mal y dijo para la cena o para el desayuno, y se fue corriendo al barrio chino antes de que cerraran el súper-almacén de la calle Arribeños. Impulsivo, como siempre, le dije “te acompaño” y fui junto a ella, o detrás de ella, a paso redoblado, mientras fingía escuchar atentamente su catálogo de fobias culinarias camufladas de amor a los animales y alimentación natural para el cuerpo y el espíritu. Yo, como un estúpido, respondía a su catarata de gorgeos asintiendo con la cabeza, con el único objeto de que esa noche me hiciera un lugar en su cama.
Durante el trayecto, entremezcló en su monólogo las maldades monopólicas de Mondiablo con el espanto monocultívico, el horror transgénico y el pecado glifosático. Me explicó el eclecticismo de su dieta ovolactovegetariana en la que se permitía pequeñas licencias con ciertos pescados que, de acuerdo a su teoría, deduzco que deben ser menos animales que las vacas. El pollo sería tabú gracias a la inmoralidad de los productores agropecuarios quienes, supongo que encabezados por el Guasón, el Acertijo o algún archicriminal análogo, lo someterían a toda clase de manipulaciones genéticas para acelerar su crecimiento sin importar el daño que ello pudiere causar a los humanos. Parece que, por exceso de consumo, alguna niña habría ovulado a los tres años y que a más de un hombre le habrían crecido tetas.
El plan para que me invitara a cenar, dada la hora, la cercanía de su casa y mi oportuna jugada de acompañarla a hacer las compras, dio sus frutos y fue así que al rato me encontré junto a ella en su cocina viendo cómo preparaba unos vegetales en el wok.
La frugal comida acompañada por agua mineral sin gas no creó precisamente un clima propicio al erotismo, como tampoco me resultó estimulante la crónica de sus últimas vacaciones en un cerro llamado Ornitorrinco o algo así, “un lugar lleno de energía”, según sus palabras.
En esa instancia era mejor preparar el ataque cuanto antes, porque además el shakuhachi no dejaba de escupir notas desde el CD y yo ya tenía la tentación de mandar todo definitivamente al carajo poniéndome a hablar del sentido religioso de la música oriental y su influencia en el gregoriano; y suponía que pasar del arte a la historia para luego llegar a la religión nos iba a alejar cada vez más de la cama. Decidido a actuar antes de que mi deseo se esfumara por completo, acerqué mi cara a la de ella e intenté besarla infructuosamente. “Pará, no”, dijo y yo me quedé con la boca entreabierta en el vacío. Entonces empezó a dar no sé qué explicaciones, como si eso fuese a cambiar en algo el hecho de que me había rechazado, así que, estando yo muy poco dispuesto a seguir escuchándola, me fui lo más rápidamente posible.
Ya en la calle, prendí un cigarrillo, placer que me había estado vedado en su aséptico hogar antitabáquico, y caminé un buen rato sin ninguna dirección en particular. Desde una esquina, una luz de tubos fluorescentes despertó mi atención y fui hacia ella. Cuando me estaba acercando, los caracteres de la marquesina se me hicieron felizmente legibles; en letras algo despintadas podía leerse: “Parrilla.” Sin pensarlo dos veces, entré y pedí al mozo una tira de asado con fritas y tinto de la casa. De ninguna manera estaba dispuesto, esa noche, a renunciar a los placeres de la carne.
martes, 14 de diciembre de 2010
La dimensión del oficio
Sabia es la conclusión de Xul, aunque no tan evidente su significado: la creatividad está sobrevaluada. Ejemplos de esto se encuentran por doquier: en el arte contemporaneo, en el diseño, en la publicidad, en el cine. Pero esto no es lo peor. Detras de la bandera de la creatividad se oculta el verdadero mal, el desprecio del oficio y de las cosas bien hechas.
El doble mecanismo funciona asociado a un tercer elemento doblemente falso: la idea de que la creatividad es algo innato, que se tiene o no, que no se enseña. Falso porque sí puede enseñarse (en cierto sentido) y porque olvida que sólo es signifcativa cuando tiene que tener un oficio detrás.
Así, la cuestión se presenta sencilla. Hay dos posibilidades, uno va a ser creativo haga lo que haga y entonces lo tiene todo, haga lo que haga; o no, en cuyo caso tampoco vale la pena esforzarse en absoluto ya que algo bien hecho pero no original no tiene valor.
Por mi parte, prefiero las cosas bien hechas. Las mismas cosas que se hacen quizas desde hace cien, mil o tres mil años. Dejo el helado de morroncino con cafelatte y kinotos, los departamentos con techos a un metro treinta de altura y sin ventanas, las latas de sopa de cienmil dolares y todo eso para la gilada. He dicho.
PS. Se agradece toda sugerencia y aceptan temas para polemizar.
domingo, 10 de octubre de 2010
Nobleza obliga
No he de mencionar a Pierre Menard, aunque es cierto que las mismas palabras significan algo muy distinto en mi relato que en la obra original, ni al hecho de que la obra fue publicada originalmente con pseudónimo, una forma de renuncia a la propia autoria. Tampoco quisera extenderme sobre el realismo, y cómo el hecho de que ese texto sea realmente ajeno profundiza la textura del relato y el efecto producido. Tampoco sobre la presencia de obras dentro de obras, como ocurre con la presentación teatral en la escena XI del acto tercero de Hamlet.
Puedo aseverar motivos técnicos para no haber citado la referencia y haber omitido el entrecomillado. Estos son tan obvios como obvia hubiera sido la lectura del relato, de un estilo deliberadamente a lo Richard Yates, también cabe decirlo, si los hubiera introducido. Creo que el resultado no está mal y que vale la pena.
Pero es cierto, lo mejor del relato es quizas lo menos mio, aunque sea yo quien lo haya pusto ahi. Sepan disculpar aquellos lectores que se sientan engañados o decepcionados. Nobleza obliga.
lunes, 4 de octubre de 2010
domingo, 19 de septiembre de 2010
Ansia
Ella dijo: Y quiero jugar a la escondida y darte mi ropa y decirte que me gustan tus zapatos y sentarme en el escalón mientras te bañas y hacerte masajes en el cuello y besarte los pies y tenerte la mano y salir a comer y que no me importe cuando te comes mi comida y encontrarte y hablar del día y tipearte las cartas y llevarte las cajas y reírme de tu paranoia y darte cassettes que no escuchas y ver películas buenísimas y ver películas pésimas y quejarme de la radio y sacarte fotos cuando estás durmiendo y levantarme antes para ir a comprar tu café con medialunas y galletitas de manteca y tomar café a la medianoche y dejar que me robes mis cigarrillos y no poder encontrar nunca un fósforo y contarte del programa que vi la noche anterior en la tele y llevarte al hospital de ojos y no reírme de tus chistes y desearte por la mañana pero dejarte dormir un rato más y besarte la espalda y acariciarte la piel y decirte cuanto amo tu pelo tus ojos tus labios, tu cuello...
Y sentarme en el escalón a fumar hasta que tu vecino llega a casa y sentarme en el escalón a fumar hasta que llegas a casa y preocuparme cuando llegas tarde y sorprenderme cuando llegas temprano y regalarte girasoles e ir a tu fiesta y bailar hasta el agotamiento y sentirme culpable cuando no tengo razón y contenta cuando me perdonas y mirar tus fotos y desear haberte conocido desde siempre y escuchar tu voz al oído y sentir tu piel en mi piel y asustarme cuando te enojas y abrazarte cuando estás angustiado y ser tu sostén cuando te duele y desearte sólo de olerte y ofenderte al tocarte y lloriquear cuando estoy a tu lado y lloriquear cuando no estoy y babosearme en tu pecho y sofocarte de noche y morirme de frio cuando te llevas la frazada y de calor cuando no te la llevas y derretirme cuando sonreís y disolverme cuando te reís y no entender por qué pensas que te estoy rechazando cuando no te estoy rechazando y preguntarme cómo es posible que pienses que alguna vez podría rechazarte y preguntarme quién serás pero aceptarte de todos modos y contarte del niño del bosque encantado del ángel de los árboles que voló a través del océano porque te amaba y escibirte poesías y preguntarme por qué no me crees y tener sentimiento tan hondo que no encuentre palabras para decirlo y querer comprarte un gatito del que ponerme celoso porque se va a ganar más atención que yo y demorarte en la cama cuando te tenes que ir y llorar como un chico cuando al final te vas y matarte las cucarachas y comprarte regalos que no quieres y llevármelos de vuelta y pedirte que te cases conmigo y que me digas que no de nuevo pero seguir pidiéndote porque aunque creas que no lo digo en serio lo digo en serio siempre desde la primera vez que te lo pedí y vagar por la ciudad pensando que está vacía sin vos y querer lo que vos queres y pensar que me estoy perdiendo pero saber que estoy a salvo con vos y decirte lo peor de mí y tratar de darte lo mejor de mí porque no te mereces ni un poquito menos y responder tus preguntas cuando preferiría no hacerlo y decirte la verdad cuando la verdad es que no quiero y tratar de serte honesto porque sé que lo prefieres y pensar que se acabó todo pero igual quedarme diez minutos más antes de que me eches para siempre de tu vida y olvidar quien soy y tratar de estar más cerca de vos porque es hermoso aprender a conocerte y vale bien el esfuerzo y hablarte mal en alemán y en hebreo peor y hacer el amor contigo a las tres de la mañana y del algún modo del algún modo de algún modo comunicar algo del abrumador inmortal irrefrenable incondicional omniabarcador enriquecealma abreconciencia constante inagotable amor que tengo por vos.
Los aplausos y las luces lo espabilaron de su perplejidad al tiempo que vio su realidad disolverse en dos planos irreparablemente ajenos.