viernes, 24 de junio de 2011

Dale Jaaaaazz

Estimados lectores:
Uno de nuestros muchachos estará mañana por la tarde hablando de literatura y revelando algunos de los arcanos de su ejercicio en el Festival de Jazz emergente.

Lo han leído, escuchenlón.
¡¡¡Grandes músicos de la escena emergente del jazz porteño!!!!






Más información en


martes, 7 de junio de 2011

Tanger en concierto

miércoles, 18 de mayo de 2011

Guionismos

Logias masónicas, comunidades indígenas, líderes perversos, líderes sublimes, enfermos mentales, niños sanadores, niños abusados sexualmente, homosexuales reprimidos, homosexuales culposos, homosexuales asumidos, bisexuales, mujeres golpeadas. Homicidios, intentos de homicidio, intentos de violación, secuestros extorsivos, embarazos extorsivos, embarazos no deseados, embarazos interrumpidos, amores prohibidos, desamores, infidelidades, adicciones, sed de poder, sed de venganza, sed de justicia.
Los responsables del ciclo El elegido (de lunes a jueves a las 23 por Telefé) creen menos en el desarrollo de unas pocas ideas que en la dilapidación de muchas. Curiosamente, en cambio, suponen que la repetición de un mismo recurso (el del tercero que ve u oye algo que no debía haber visto u oído) basta para componer una serie de televisión.
Claro que, seguramente, el oportuno y oportunista cóctel de maniqueísmo, corrección política, teoría de la conspiración, indigenismo banal y new age les hará ganar la simpatía de unos cuantos bienpensantes trasnochados y de otros tantos miembros del jurado de los premios Martín Fierro.
No quiero ser injusto, probablemente esta crítica podría hacerse extensiva a más de un ciclo de la televisión argentina pero, por suerte o por desgracia, no he visto más que algunos episodios de éste.
Y pensar que hace más de cien años un ruso desperdició tantas páginas intentando penetrar en la mente de un joven que apenas había matado a dos viejas, si me perdonan el spoiler.

lunes, 9 de mayo de 2011

Columnista invitado, Noam Chomsky

En esta ocasión inauguramos una nueva sección de sindudamente: columnistas invitados. Una sección donde se difunden en nuestro humilde idioma algunas ideas que por azar, negligencia o falta de interés no están a la mano del lector criollo.

Noam Chomsky: Mi reacción a la muerte de Osama bin Laden

Está cada vez más claro que la operación fue planeada como un asesinato, violando normas elementales del derecho internacional. Parece no haber habido intento alguno de aprehender a la desarmada víctima, lo cuál presumiblemente podrían haber hecho 80 comandos que prácticamente no encontraron resistencia- excepto, dicen, por parte de su esposa, quien arremetió contra ellos. En sociedades que profesan algún respeto por la ley, los sospechosos son aprehendidos y levados a un juicio justo. Destaco "sospechosos". En abril de 2002, la cabeza del FBI, Robert Mueller, informó a la prensa que luego de la investigación más profunda de la historia, el FBI no podía decir más que él "creía" que el complot había sido armado en Afganistán, aunque llevado a cabo en los Emiratos Árabes Unidos y Alemania. Lo que sólo creían en abril de 2002, obviamente no lo sabían ocho meses antes, cuando Washington descartó ofertas tentativas de los Talibanes (cuán serías, no lo sabemos, dado que fueron inmediatamente descartadas) para extraditar a bin Laden, si se presentaba evidencia- la cual, como luego supimos, Washington no tiene. Así, Obama sencillamente estaba mintiendo cuando dijo, en su declaración de la Casa Blanca, que "rápidamente supimos que el ataque del 9/11 fue llevado a cabo por al Qaeda".

Nada serio se ha ofrecido desde entonces. Se ha dicho mucho de la "confesión" de bin Laden, pero ello es bastante parecido a mi confesión de que gane la Maratón de Boston. Él se jactaba de lo que veía como un gran logro.

Hay también bastante discusión mediática de la ira de Washington porque Pakistán no entregara a Bin Laden, siendo que seguramente elementos de las fuerzas militares y de seguridad estaban al tanto de su presencia en Abbottabad. Menos se dice sobre la ira de Pakistán porque los Estados Unidos invadieran su territorio para llevar a cabo un asesinato político. El fervor anti-americano ya es bastante grande en Pakistán, y estos eventos probablemente lo exacerben. La decisión de tirar su cuerpo al mar provoca desde ya, predeciblemente, tanto ira como escepticismo en gran parte del mundo musulmán.

Podemos preguntarnos cómo hubiéramos reaccionado si comandos iraquíes aterrizaran en la casa de George W. Bush, lo asesinaran y tirasen su cuerpo al Atlántico. Sin duda, sus crímenes superan ampliamente los de bin Laden, y el no es un "sospechoso" sino, y sin duda, el "decisor" que dio las órdenes de cometer el " supremo crimen internacional, difiriendo sólo de otros crímenes de guerra en que éste contiene en sí mismo el mal acumulado de todos los demás" (citando al Tribunal de Nuremberg) por el cual los criminales nazis fueron colgados: los cientos de miles de muertos, millones de refugiados, la destrucción de gran parte de su país, el amargo conflicto sectario diseminado ahora en el resto de la región.

Hay más para decir sobre (el bombero cubano Orlando) Bosch, quien murió tranquilamente en Florida, en referencia a la "doctrina Bush" de que las sociedades que dan puerto a terroristas son tan culpables como los terroristas mismos y deberían ser tratadas en consecuencia. Nadie parece haber notado que Bush estaba llamando a la invasión y destrucción de los Estados Unidos y asesinato de su presidente criminal.

Lo mismo con el nombre, Operación Gerónimo. La mentalidad imperial es tan profunda, en la sociedad occidental, que nadie percibe que se está glorificando a bin Laden identificándolo con la valiente resistencia a invasores genocidas. Es como bautizar a nuestras armas asesinas con los nombres de las víctimas de nuestros crímenes: Apache, Tomahawk... Es como si la Luftwaffe hubiese llamado a sus aviones de combate "Judío" y "Gitano".

Hay muchos más para decir, pero incluso los hechos más obvios y elementales deberían darnos bastante en que pensar.

(Copyright 2011 Noam Chomsky)


viernes, 22 de abril de 2011

Martín Narvaja responde

Muchos lectores se acercan a mi con preguntas de diversa índole vinculadas a la actualidad nacional y extranjera. Dado que muchas no merecen de por sí un ensayo, pero sí mi atención, he decidido dedicar unas pocas líneas a dos o tres de ellas.

¿Qué opina de la presencia de Vargas Llosa en la feria del libro y de la polémica con Horacio Gonzalez?

Justamente, ayer vi el discurso y la posterior entrevista a Vargas Llosa. Lo primero que hay que decir es que es un gran orador. Y que, aun sin estar de acuerdo con lo que diga, suele ser preferible escuchar (o leer) al ganador del nobel que al director de la biblioteca nacional. Definitivamente no puede obviarse que las ideas de Vargas llosa oscilan entre un liberalismo político clásico - democracia, derechos individuales, libertad de expresión, igualdad de oportunidades - unas ideas ideas privatistas cuestionables y algunas consignas neo-liberales que son falsedades de hecho. Tampoco puede ni debe obviarse el uso editorial, casi instantáneo de lo que el peruano dijera - baste como ejemplo la descontextualización deliberada de todo lo dicho anoche sobre el último siglo en Argentina para que parezca que se refiere al gobierno actual- ni la conciencia de éste de que así ocurriría. Merece alguna mención también el entrevistador Jorge Fernández Díaz: cómo es posible que las preguntas de un periodista profesional contengan errores de redacción, lo cual ocurrió casi sin excepción, leyendo preguntas preparadas de antemano.
Pero lo esencial aquí es otra cosa. Solicitar que se retire la invitación y la palabra a un escritor, o cualquier persona, por el mero hecho de que tiene opiniones políticas disidentes, esta mal. Más aun cuando no se trata de ideas políticas que vayan en contra del bien público, ni de la democracia, ni que fomenten el crimen. Y mucho más cuando quien lo pide es un funcionario público, especialmente si uno es el director de la biblioteca nacional. Me parece una vergüenza. Por otro lado, ¿alguien recuerda quienes fueron los oradores en las últimas cinco aperturas de la Feria del libro? ¿los últimos tres?

¿Qué opina de la iluminación de la estatua del Cid Campeador en la intersección de las avenidas Honorio Pueyrredon, Angel Gallardo y San Martín?

Alguien tuvo la buena idea de iluminar la estatua para que su factura pueda apreciarse mejor durante la noche. Lamentablemente, la realización de tal obra fue encargada a un imbécil. Para aquel que no haya visto el resultado, lo resumo en pocas palabras. Ahora, además de una reja fea (que podría bien ser reemplazada por una fuente, lo que a efectos de evitar que se dañe el pedestal funcionaría igualmente y sería mucho más agradable a al vista) hay dos postes con faroles que impiden que uno vea la estatua, muy iluminada según se observa desde los escasos ángulos que todavía lo permiten. Los mismos faroles podrían haber sido emplazados cinco metros más lejos sin necesidad de modificar la calzada en absoluto.

¿Qué opina de la ficción en la televisión Pública y de Sr. y Sra Camas?

En primer lugar, surge la cuestión de en qué se gastan los fondos públicos y si es pertinente o no hacerlo en producir contenidos televisivos. A este respecto, sinceramente, no sé si el estado debiera poseer medios de comunicación masivos o hacer uso de los medios privados. Actualmente, ambas alternativas son realizadas, además de los medios estatales, el estado hace uso de la publicidad paga para transmitir información en medios privados y, en el caso de la radio y la televisión, utiliza la cadena nacional. Esto es similar en otros países. Sí considero que para exigir restricciones sobre los contenidos financiados con fondos del estado debiera poder distinguirse qué medios son así financiados y cuáles no. Lo que no es sencillo. Por otra parte,, aquellos que critican a la gestión del canal 7 por producir ficción, olvidan que existe una ley que establece que en todo medio televisivo debe haber cierta cantidad de ficción.
En cuanto a Sr y sra camas, y a nota personal, me parece un programa pésimo. Pretende un humor al borde del absurdo y resulta previsible, quiere ser fresco y resulta trillado y, por sobre todas las cosas, es lento. Lentísimo. Luego de cada conato de gag hay una eternidad de pausa. ¿Esperan que uno haga una reflexión entre un chiste y otro? ¿Es para que uno visite los servicios? Con la cantidad de chistes de un programa de señor y sra camas se podrían producir, a lo sumo diez minutos de una película de los hermanos Marx. Esto no me parece culpa de los actores, ni del equipo técnico. Pero el director es un incompetente.

¿De Anibal Fernandez y su elevada discusión con Savater...?

Prefiero no hablar.



lunes, 4 de abril de 2011

Banalidades

De qué se puede escribir en un momento como este. No lo sé. Chesterton dijo a través de Jueves que es un milagro que un tren salga de la estacion A y llegue a la estación B de acuerdo con lo previsto en lugar de acabar en cualquier otro lugar del universo. Enunciada en Bolivia, la observación sería literalmente verdadera. Aquí el determinismo adquiere formas trágicas, una locomotora que sale de la estación Constitución rumbo a una formación a la que debe socorrer no sólo la alcanza sino que choca contra ella. Mientras tanto, en A dos voces, Bonelli, incisivo, pregunta a Macri: ¿Podría decir una virtud de Larreta y una de Michetti? Son ambos tan buenos candidatos. Mientras tanto, Ricardo Alfonsín agita los brazos como un poseído en cada discurso transparentando y evidenciando su poco metafórico carácter de marioneta. ¿Y qué pasa con el Indec? ¿Y qué pasaba con el Indec antes del 2004? ¿Sabía alguien que durante el gobierno de Perón no hay más datos sobre el pleno empleo o el desempleo que los del censo nacional? ¿Y Mozart, estaba loco, era un payaso, un fiestero, se reía ta agudo como en la película? ¿Y yo qué hago en Mar del Plata hablando de cuántica y detrás de mi escritorio escribiendo una metafísica del siglo XVIII en pleno siglo XXI? Y estoy a favor de las bicicendas y en contra de la superpoblación de automóviles. ¿Eso dónde me posiciona? En la bicicenda, claro., ocupando el lugar que antes era ocupado por autos estacionados Y me pregunto por qué el mismo espacio igualmente ocupado parece ahora generar más problemas con el transito Y por qué el estado es paternalista y me impide morir de cancer en el restaurant por fumar cigarrillos pero estimula que coma comida recalentada en un microondas que no tengo y permite soja transgenica en las salchichas que no como y cómo permite el ruido y la vida sedentaria Y hago un jardincito á la Thays en un barrio aleman de estilo Le corbussier y detesto a un vecino y los monoambientes y los edificios de departamentos y las demoliciones y me encantaría vivir en el Kavanagh y detestar a otro vecino, más universalmente detestable, y quiero y puedo y no tengo y salgo y vuelvo y pinto pizarrones en las puertas y no escribo más en la pared y y y y y y y y y y y y y, pero también también también y no y no y no y no
Y me caigo y me levanto.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Los placeres

“Voy a comprar arroz yamaní para el ayuno”, dijo Martita, o a lo mejor escuché mal y dijo para la cena o para el desayuno, y se fue corriendo al barrio chino antes de que cerraran el súper-almacén de la calle Arribeños. Impulsivo, como siempre, le dije “te acompaño” y fui junto a ella, o detrás de ella, a paso redoblado, mientras fingía escuchar atentamente su catálogo de fobias culinarias camufladas de amor a los animales y alimentación natural para el cuerpo y el espíritu. Yo, como un estúpido, respondía a su catarata de gorgeos asintiendo con la cabeza, con el único objeto de que esa noche me hiciera un lugar en su cama.

Durante el trayecto, entremezcló en su monólogo las maldades monopólicas de Mondiablo con el espanto monocultívico, el horror transgénico y el pecado glifosático. Me explicó el eclecticismo de su dieta ovolactovegetariana en la que se permitía pequeñas licencias con ciertos pescados que, de acuerdo a su teoría, deduzco que deben ser menos animales que las vacas. El pollo sería tabú gracias a la inmoralidad de los productores agropecuarios quienes, supongo que encabezados por el Guasón, el Acertijo o algún archicriminal análogo, lo someterían a toda clase de manipulaciones genéticas para acelerar su crecimiento sin importar el daño que ello pudiere causar a los humanos. Parece que, por exceso de consumo, alguna niña habría ovulado a los tres años y que a más de un hombre le habrían crecido tetas.

El plan para que me invitara a cenar, dada la hora, la cercanía de su casa y mi oportuna jugada de acompañarla a hacer las compras, dio sus frutos y fue así que al rato me encontré junto a ella en su cocina viendo cómo preparaba unos vegetales en el wok.

La frugal comida acompañada por agua mineral sin gas no creó precisamente un clima propicio al erotismo, como tampoco me resultó estimulante la crónica de sus últimas vacaciones en un cerro llamado Ornitorrinco o algo así, “un lugar lleno de energía”, según sus palabras.

En esa instancia era mejor preparar el ataque cuanto antes, porque además el shakuhachi no dejaba de escupir notas desde el CD y yo ya tenía la tentación de mandar todo definitivamente al carajo poniéndome a hablar del sentido religioso de la música oriental y su influencia en el gregoriano; y suponía que pasar del arte a la historia para luego llegar a la religión nos iba a alejar cada vez más de la cama. Decidido a actuar antes de que mi deseo se esfumara por completo, acerqué mi cara a la de ella e intenté besarla infructuosamente. “Pará, no”, dijo y yo me quedé con la boca entreabierta en el vacío. Entonces empezó a dar no sé qué explicaciones, como si eso fuese a cambiar en algo el hecho de que me había rechazado, así que, estando yo muy poco dispuesto a seguir escuchándola, me fui lo más rápidamente posible.

Ya en la calle, prendí un cigarrillo, placer que me había estado vedado en su aséptico hogar antitabáquico, y caminé un buen rato sin ninguna dirección en particular. Desde una esquina, una luz de tubos fluorescentes despertó mi atención y fui hacia ella. Cuando me estaba acercando, los caracteres de la marquesina se me hicieron felizmente legibles; en letras algo despintadas podía leerse: “Parrilla.” Sin pensarlo dos veces, entré y pedí al mozo una tira de asado con fritas y tinto de la casa. De ninguna manera estaba dispuesto, esa noche, a renunciar a los placeres de la carne.