viernes, 3 de abril de 2009

TIGRES Y HALCONES

Comprendo que a quienes la ven por primera vez nuestra ciudad les parezca extraña pero, a pesar de los muchos cambios que sucedieron en los últimos años, creo que es como cualquier otra. Por supuesto que tiene sus peculiaridades, ¿o es que acaso alguna ciudad no las tiene?
La vida en las grandes urbes suele ser densa y rutinaria: largas jornadas de trabajo, transportes públicos atestados e interminables colas en los bancos. Las únicas incertidumbres cotidianas se reducen a temores tan prosaicos como el de sufrir un robo o una estafa; para los comerciantes, tener un día de poca venta; para los asalariados, perder el empleo; para los desocupados, no conseguirlo. En pocas palabras, la supervivencia en su modo más pobre, la rutina de las miserias cotidianas.
Nuestra ciudad no era ajena a ello; precisamente ese estado de cosas fue lo que llevó, hace varios años, a que nuestros ciudadanos se plantearan la necesidad de cambiar el estilo de vida. Muchos de ellos se dedicaron a la ardua tarea de buscar alguna salida para una ciudad agobiada por la rutina. Dicen que quien dio el primer paso para el cambio fue un ornitólogo que, cansado de ver sólo palomas grises anidando en las cornisas de la catedral, rescatando migas de la plaza principal o posándose en los balcones de los departamentos, decidió, sin autorización oficial, traer algunas especies de aves exóticas y liberarlas para que se reprodujeran. El hecho puede parecer insignificante, pero fue el comienzo de una serie de acontecimientos que llevaron a que la ciudad llegara a ser lo que es hoy.
En un primer momento las autoridades, enteradas del hecho, intimaron al especialista a que suspendiera esa actividad y rescatara a los ejemplares para evitar el desequilibrio ecológico, pero la noticia trascendió y se desató un debate público. La mayoría opinó que, ante el novedoso espectáculo, valía la pena correr un mínimo riesgo; a lo sumo algunas aves desaparecerían, otras se adaptarían y se reproducirían, pero lo cierto es que el hecho habría de sacar a todos, al menos momentánea y modestamente, del aburrimiento diario. Finalmente, la radicación no sólo fue aprobada oficialmente, sino que el gobierno organizó un programa de estímulo para la introducción progresiva de nuevas aves.
En un principio la vida cambió de un modo sutil: además de las previsibles palomas, comenzaron a verse tucanes y guacamayos que dieron a la ciudad un aspecto renovado. La introducción de nuevos árboles y plantas fue un proceso lógico y necesario para favorecer la adaptación de las especies que, en su mayoría, no sufrieron el cambio. Las nuevas aves, con sus múltiples colores, enriquecieron el habitual paisaje gris, hasta que pasaron a formar parte de él.
Un nuevo cambio sucedió entonces: se introdujeron algunos ejemplares de aves rapaces. Ya no se trataba simplemente de especies vistosas, sino de animales cuya magnificencia y agresividad generaban inquietud. Las palomas, por supuesto, desaparecieron; la gente, intrigada y algo atemorizada, solía esperar ansiosamente que algún halcón se acercara a sus ventanas.
La adaptación de aves de semejante envergadura fue un poco complicada; solían atacar a los animales domésticos más pequeños, cosa que no preocupaba demasiado a los habitantes que comenzaban a ignorarlos; pero lo cierto es que la movilidad de los rapaces estaba un poco limitada por la estrechez de las calles, la altura de los rascacielos y las marañas de cables de alta tensión y de televisión para abonados en las que solían enredarse. No fueron raros los casos de ejemplares destrozados por las hélices de los helicópteros policiales que, por entonces, sobrevolaban permanentemente la ciudad. Las posteriores generaciones fueron mejor adaptadas a los peligros urbanos, cambiaron sus hábitos y la población fue en aumento.
Poco tiempo pasó hasta que aparecieron nuevas especies traídas por los zoólogos, estimulados por el organismo estatal creado para tal fin. En este caso la medida no se limitó exclusivamente a las aves; los gatos, que normalmente deambulaban por los techos y las veredas, fueron reemplazados por felinos salvajes de gran tamaño, cuyas espléndidas estampas cautivaron a los habitantes. Pero el entusiasmo no se restringía al mero hecho estético; el peligro que suponía una pantera acechando a la vuelta de la esquina convirtió a las salidas nocturnas en verdaderas aventuras. Esto produjo una gran excitación a la mayoría de los ciudadanos, quienes exigieron al gobierno la radicación de nuevas especies.
Demás está decir que la caza tuvo que ser severamente penada; sólo justificaba la muerte de un animal el hecho de que una vida humana corriera serio peligro. El uso de armas se volvió corriente pero, desde entonces, las patrullas controlaron incansablemente el comportamiento de los habitantes. De todos modos, no existía en la población la más mínima intención de matar a los animales sin razón. Sabían que su presencia los enriquecía, estrechaba más firmemente sus lazos de solidaridad y, de alguna manera, daba sentido a sus vidas.
Inicialmente los accidentes fueron comunes, tanto para los animales como para los humanos: lobos desprevenidos aplastados por micros y ferrocarriles; adolescentes convertidos en jirones de piel a arañazos por haber estirado imprudentemente la cola de algún tigre.
Una carnicería céntrica fue asaltada por un león. Los clientes, en un primer momento horrorizados, luego contemplaron absortos cómo el animal los ignoraba y se llevaba media res y una ristra de chorizos, ante la desolación del carnicero.
En una cancha de fútbol de los arrabales, un arquero fue devorado durante una ofensiva de su equipo que, en su vano afán de empatar el partido, tuvo a su favor varios corners seguidos. El hecho recién fue notado al producirse el contraataque del equipo rival, que culminó en un gol que nadie pudo evitar y cuya validez aún hoy es discutida; debajo de los tres palos encontraron una pila de huesos sanguinolentos.
En los areneros de las plazas, los escorpiones fueron victimarios y víctimas; es verdad que envenenaron a varios niños, pero lo cierto es que en cuanto éstos les tomaron la mano, aquéllos se convirtieron en objeto de sus puntapiés, de encierros en pequeños frascos sin aire suficiente y de todo tipo de experimentos y torturas.
Los espacios verdes fueron densamente forestados y convertidos en pequeños bosques y selvas. Las salidas de fin de semana se volvieron apasionantes: había que evitar las mordeduras de serpientes y las picaduras de mosquitos anofeles y moscas tse-tse.
Por momentos la comunión entre personas y animales llegó a ser curiosa y hasta conmovedora. Algunas señoras maduras salían al anochecer con platos con restos de carne para alimentar a las hienas. Cuentan que una anciana daba vino a un cuervo que a diario se acercaba a su ventana, con el objeto de estimularlo a que hablara y aprendiera a decir algunos insultos que ella misma le enseñaba.
La población fue aprendiendo poco a poco las destrezas necesarias para sobrevivir a tantos peligros. Hoy los métodos son difundidos a través de la publicidad oficial y de la formación en las escuelas, además de los no siempre confiables consejos de las revistas semanales y los programas televisivos de la tarde.
Lo que otrora fuera una novedad y un desafío excitante se ha convertido poco a poco en rutina, en una serie de molestias cotidianas. La apatía comienza a ganar a los habitantes que, habituados ya a ver animales salvajes por doquier, empiezan a molestarse por los desechos que dejan en las veredas.
Varios especialistas de la ciencia y la cultura están pensando en la forma de cambiar este estilo de vida que se ha vuelto previsible y monótono, como lo puede ser esperar el ómnibus, pedir turno en el hospital o hacer cola en la caja del supermercado.

martes, 10 de marzo de 2009

PASSACAGLIA


Mariano Lastiri y Luis Colucci invitan a:
PASSACAGLIA
Encuentro de música y pinturas, donde se expondrán obras de Mariano Lastiri y Tanger hará música en vivo en formato acústico.
Se llevará a cabo en La Causa, Centro Psicoanalítico y Espacio Cultural, J.B.Alberdil 2652, el día sábado 14 de marzo a las 19:30 hs.
La entrada es libre y gratuita.

Para conocer más sobre la obra de Mariano Lastiri y de Tanger pueden visitar:

www.marianolastiri.blogspot.com
www.myspace.com/tangerspace

viernes, 27 de febrero de 2009

El Silencio*


Cuando hoy a la mañana salí de mi edificio para ir a trabajar, en la puerta de entrada me topé con mi vecino del quinto piso. No me sorprendí cuando no me saludó, por el contrario, habría sido sorprendente que lo hiciera, ya que jamás decía siquiera “hola”. Yo tampoco lo saludé; tiempo atrás, al no verme correspondido, yo también había omitido esa norma de cortesía hacia él. “Es un troglodita”, pensé, y salí a la calle.
Caminé hasta la parada y estuve ahí en el preciso momento en que llegaba el colectivo. Cuando subí, el chofer marcó el importe del pasaje sin que yo se lo hubiese solicitado. El hecho podía deberse a dos motivos: el primero, rápidamente descartado por mí, suponía la posibilidad de que el veterano conductor me recordara y conociese mi habitual destino, ya que viajo en esa línea desde hace años, a la misma hora y con una frecuencia casi diaria. El segundo y, a mi juicio, el más probable, era que marcara el importe de acuerdo a una precaria estadística que indicaría que los pasajeros, en su mayoría, suelen solicitar pasajes de esa tarifa. Acerqué la tarjeta a la máquina y pagué.
El vehículo estaba repleto y se hacía difícil avanzar entre el gentío; el piso ostentaba una humedad resbaladiza y perdí el equilibrio, empujando a un hombre de bigotes y pelo entrecano. Le hice un elocuente gesto de disculpa  con la cabeza, enfatizado por un movimiento de mi mano derecha y obtuve por respuesta una mirada inquisidora.
Una señora mayor muy bien vestida subió y, avanzando a manotazos entre la multitud, accedió a un asiento que le cedieron y por el que no dio las gracias. En la corrida, apoyó bruscamente su pie derecho sobre algo blanduzco, que resultó ser ni más ni menos que mi pie izquierdo. Ni un gesto hubo en su cara, ni una palabra salió de su boca.
El viaje a mi trabajo suele ser largo, pero esta mañana pareció serlo aun más; el clima estaba muy pesado, especialmente dentro del colectivo, donde la temperatura parecía ser varios grados superior a la del mundo exterior. Los pasajeros soportaban el viaje con estoicismo, mientras miraban a través de las turbias ventanillas y se esforzaban por aferrarse a los pasamanos.
Luego bajaron algunos y la atmósfera se volvió apenas un poco más respirable. Frente a mí se desocupó un asiento y me senté en él. A mi lado, junto a la ventanilla, una chica escuchaba música, los auriculares conectados por un extremo a sus oídos y por el otro a un smartphone, mientras dejaba errar la mirada en dirección a la calle. Al rato se levantó, pero antes hizo algunos gestos como para darme a entender que tenía que bajarse y que yo debía hacerme a un lado para dejarla pasar: cambió su posición en el asiento, se acomodó ligeramente el pelo, guardó algo en su cartera, miró con atención la altura de la calle y luego dirigió su mirada a mí, pero no dijo nada. Me levanté y pasó en silencio.
Unas pocas cuadras después, por fin, llegué a mi destino y bajé del colectivo. La situación se me había vuelto intolerable. ¿Acaso todos habían perdido el habla? Pienso que a esa altura hasta a mí me habría costado romper el silencio y que, aunque lo hubiese intentado, no habría salido una palabra de mi boca. Caminé unos pasos por la vereda, que estaba tan llena de gente que parecía una prolongación del colectivo. Entonces, no lo pude resistir: un tipo pasó a mi lado y, sin previo aviso, le pegué una terrible trompada en la mandíbula. Quedó aturdido, porque no le di tiempo a reaccionar; pero cuando se repuso del shock me gritó:
- ¡La puta que te parió!

Y yo salí corriendo sin poder disimular la sonrisa.


*Seleccionado y publicado en el libro Relatos Cotidianos, compilado por Elizabeth Toribio. Editorial Dunken 2018. 

Staff

Orgullosos de combinar la tradición literaria con las nuevas tendencias del ámbito virtual, el staff de Sindudamente ha adaptado su estética a los tiempos que corren. (Fotografía: M. Cortés Garabaglia) Ke karas. :p !!! ... Arre

lunes, 16 de febrero de 2009

Plagio: ejercicio de la memoria de los escritores universales.

Con un título de dudoso ingenio como único escudo, procedo a citar lisa y largamente unos pasajes de Machado; no estrictamete de Antonio Machado sino de Abel Martín; no estrictamentede Abel Martín sino de Juan de Mairena. Personajes los segundos de la invención de los otros.
(ejercicios poéticos sobre temas barrocos)
"Lo clásico- habla Mairena a sus alumnos- es el empleo del sustantivo acompañado de un adjetivo definidor. Así, Homero llama hueca a la nave; con lo cual se acerca más a una definición que a una descripción de la nave. En la nave de Homero se navega todavía y se navegará mietras rija el principio de Arquímedes. Lo barroco no añade nada a lo clásico, pero perturba su equilibrio, exaltando la importancia del adjetivo definidor hasta hacerle asumir la propia función del sustantivo. Si el oro se define por la marillez, y laplata por su blancor, no hay menor inconveniente en que al oro le llamemos plata, con tal que esta plata sea rubia, y plata al oro, siempre que este oro sea cano.
¿Comprende usted señor Martinez?
-Creo que sí.
-Salga usted a la pizarra y escriba:
Oro cano te doy, no plata rubia.
¿Qué quiere decir eso?
-Que no me da usted oro, sino plata.
-Conformes. ¿Y qué opina usted de ese verso?
-Que es un endecasílabo correcto.
-¿Y nada más?
-...la gracia de llamar plata al oro y oro a la plata.
-Escriba usted ahora:
¡Oh, anhelada plata rubia,
tú humillas al oro cano!
¿Qué le parecen esos versos?
-Que eso de "oh, anhelada plata" me suena mal, y lo de "tu humillas", peor.
-De acuerdo, pero repare usted en la riqueza conceptual de esos versos y en la gimnasia intelectual a que su comprensión nos obliga. "La plata- dice el poeta-, tan deseada, cuando es rubia, humilla al oro mismo cuando éste es cano, porque la plata cuando es oro vale mucho más que el oro cuando es plata, puesto que hemos convenido en que el oro vale más que la plata. Y todo eso en dos versos octosilábicos! Ahora en cuatro versos -ni uno más- continúe usted complicando, a la manera barroca, el tema que nos ocupa.
Martinez, después de meditar, escribe:
Plata rubia, en leve lluvia,
es temporal de oro cano;
cuanto más la plata es rubia

menos lluvia hace verano.
-Verano está aquí por cosecha, caudal, abundancia...
-Comprendido, señor Martinez, Vaya usted bendito de Dios."
No sólo es grande Machado por sus versos y por su humor. Secretamente, ha descifrado el artificio de todo el empirismo que, como buen fruto de los siglos XV y XVI, no es otra cosa que un barroquismo tomado muy al pie de la letra.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Sobre el polémico mapamundi de Arno Peters reloaded

Hace unos años, conversando con una persona que había virado de la izquierda al nac & pop, recibí el siguiente comentario:
"Cuando era joven me gustaban Los Beatles, pero después descubrí que eran un instrumento del imperialismo y dejé de escucharlos; aunque como músicos son muy buenos."
Lo primero que me vino a la mente es si es posible que alguien, al descubrir tardía y repentinamente que algo que lo atrapó y lo emocionó está aparentemente financiado por personas que persiguen algún oscuro interés, sienta de pronto desagrado, odio y desprecio por aquello. Al margen de que eso de "instrumentos del imperialismo" es algo un tanto más complejo y, por lo menos, discutible.
Por otro lado, si debiéramos limitarnos a escuchar música, ver cine o leer libros no sospechados de ser compuestos, escritos, producidos, editados y/o publicados por artistas y/o empresas que buscan beneficiarse económicamente e influir sobre el gusto y/o pensamiento de la gente, leer, escuchar música o ver una película nos sería una tarea casi imposible. Y, además, nuestra cultura y nuestra capacidad crítica resultarían un tanto limitadas.
Pienso que el arte nos sirve para estimular la emoción, el goce y la actividad intelectual; y esto es lo que, supongo, deberíamos tener en cuenta a la hora de elegir un libro, un disco o una película. Lo cierto es que si tuviéramos que prescindir de aquellas cosas que sospechamos son movidas o manipuladas por oscuros personajes que persiguen intereses perversos, deberíamos prescindir entonces de la energía eléctrica, los combustibles o los medicamentos, ya que la mayoría de las empresas que los producen son multinacionales, extranjeras y sólo persiguen el lucro desmedido. La verdad es que sin luz, gas, petróleo o medicamentos, por sólo nombrar unas pocas cosas, la vida se volvería un tanto complicada.
Lamentablemente, las cosas más obvias pasan de largo a los desprevenidos, que son víctima de los tontos o malintencionados. En la entrada de Martín Narvaja sobre Arno Peters y su abominable mapamundi bien se explicaba que Peters condenaba la proyección Mercator por considerarla eurocéntrica, ya que la distorsión (inevitable) de la superficie del globo al ser llevada al plano, presentaba un agrandamiento polar y daba una idea errónea del tamaño de diversos países, perjudicando la imágen del tercer mundo. Sin embargo, la proyección Mercator se impuso y se sigue utilizando. El éxito se debe, no al imperialismo, el eurocentrismo, el neoliberalismo y otros ismos, sino a que es muy útil para la navegación.:
"El éxito de la proyección de Mercator se debe a que cualquier línea recta que se trace marca el rumbo real, con lo cual se puede navegar siguiendo con la brújula el ángulo que se marca en el mapa."
Cita tomada de la Enciclopedia Libre Universal en Español, que se puede ver en su contextooriginal en el siguiente link:

http://enciclopedia.us.es/index.php/Proyecci%C3%B3n_de_Mercator

Claro, algún paranoico dirá que de detrás eso hay una maniobra del imperialismo, pero lo cierto es que el mapa funciona. No voy a detenerme en las dificultades que presenta la proyección de la superficie de una esfera sobre un plano, ni acerca de la veracidad o falsedad de una representación, cosas que fueron perfectamente desarrolladas por Narvaja en la entrada ya mencionada. Puedo agregar, sí, que los territorios más "beneficiados" (si es que una mayor superficie en el mapa constituye un beneficio en sí mismo o la posibilidad de obtenerlo a través de ella) por la proyección Mercator no son precisamente los sud-europeos o centro-europeos, sino más bien Canadá, la región de Alaska, la isla de Groenlandia, Escandinavia, Rusia y la Antártida. Si, la Antártida. Véase el siguiente mapa completo de la proyección:

http://www.mgaqua.net/AquaDoc/Projections/img/Mercator.jpg

Claro que, para evitar territorios de menor interés (la Antártida, que ocupa una gran área en la Mercator, es poco útil para los escolares) es común utilizar la versión incompleta, que algunos malintencionados difunden como la completa para dar "sustento" a sus teorías. Hela aquí:

http://www.claymoreclan-design.com/assets/images/mercator.gif

Puestas así las cosas, entonces podemos ver cómo algunos trasnochados en vez de explicar que el hambre, la exclusión y el imperialismo son consecuencia de políticas perversas, a través de documentos sólidos y argumentos lógicos, utilizan discursos absurdos y llegan a mentir, diciendo que en la mencionada proyección el hemisferio sur ocupa sólo un tercio del mapa. Véase:

http://www.imaginario.org.ar/imago/euromapa.htm

Existen numerosas razones para oponerse a la explotación del hombre por el hombre, a la miseria y a la injusticia, pero flaco favor le hacen los tontos a los vivos de siempre que aprovechan sus tonterías, errores, estrecheces y falacias para descalificarlos. Sería bueno empezar a utilizar argumentos contundentes, que sobran, para denunciar y oponerse a la injusticia y la desigualdad y dejar de ver conspiraciones donde no las hay.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Pensamientos Nocturnos*

Me desperté sobresaltado; aún estaba oscuro. Decidí levantarme, ya que parecía difícil que pudiera volver a conciliar el sueño. Fui a la cocina y, al pasar, vi que el reloj del comedor marcaba las tres. Puse a calentar agua para preparar café y encendí un cigarrillo. Cuando llegué al comedor con el café me senté a la mesa para tomarlo y esperar a que llegara el sueño. Miré el reloj nuevamente: eran las tres menos cinco.
- ¡Qué raro!- pensé- ¿No eran acaso las tres cuando me levanté?
Viéndolo más detenidamente, noté que el segundero giraba en sentido contrario.
Cambié las pilas, incluso las coloqué al revés y nada cambió. Tomé el teléfono, marqué ciento trece y la voz dijo:
- Dos horas cincuenta y cuatro minutos cero segundos- y luego: - Dos horas cincuenta y tres minutos cincuenta segundos.
Colgué.
- No puede ser - dije en voz alta.
El café ya estaba un poco frío y lo tomé de un trago. Prendí el televisor y puse el canal de noticias. La hora coincidía. Evidentemente, el tiempo corría en sentido contrario, pero no podía entender cómo ni cuándo había empezado a suceder eso. No sé por qué no se me ocurrió llamar a algún amigo para averiguar qué estaba pasando porque, si bien era muy tarde, no podía soportar la inquietud. Pensé que si sólo se trataba de un cambio en el sistema de medición del tiempo, más que causarme algunas molestias con las fechas y las horas, en nada podría influirme. Pero de pronto se me ocurrió algo atroz:
- Si el tiempo fluye en sentido contrario, entonces voy a rejuvenecer.
La idea me asustó y, en cierto modo, me entusiasmó.
Seguí pensando:
- En unos años me voy a volver más frágil y la comprensión del mundo me será aún más dificultosa; voy a perder la motricidad fina, el control de mi cuerpo y la memoria; voy a depender de otros y, finalmente, voy a volver inexorablemente a la nada.
Tomé un somnífero, volví a la cama y me dormí lleno de angustia.
Me desperté sobresaltado; aún estaba oscuro. Me levanté de un salto y miré el reloj desesperadamente: eran las cinco y el segundero funcionaba perfectamente. Tal vez había estado soñando.
- No sé si podré volver a dormir- pensé.
Fui a la cocina a preparar café y encendí un cigarrillo. Al llegar al comedor, vi que el reloj marcaba las cinco y cinco y, para no dejar lugar a dudas, verifiqué la hora en el teléfono y en la televisión. Todo era normal y me sentí, en cierto modo, aliviado.
- Voy a envejecer -pensé.
Seguí pensando:
- En unos años me voy a volver más frágil y la comprensión del mundo me será aún más dificultosa; voy a perder la motricidad fina, el control de mi cuerpo y la memoria; voy a depender de otros y, finalmente, voy a volver inexorablemente a la nada.
Tomé un somnífero, volví a la cama y me dormí lleno de angustia.

*Seleccionado para la convocatoria de cuento ROI, julio de 2015. Publicado en el libro Pulsiones I, compilado por Axel Fernández Roel. Editorial Dunken 2015.